#Columna: La mística de la feminidad, las madres, y la evasión de “el nido vacío”

Al leer “La mística de la feminidad”, no podía dejar de encontrar semejante el planteamiento del libro y algunas realidades que he visto en la actualidad.

El libro habla acerca de aquella “mística femenina» que drásticamente fue emparentada al ser mujer en la cultura occidental y occidentalizada. Ésta mística femenina, este aparataje de  patrones de comportamientos y deseos, este disfraz y esta puesta en escena teatral, es encarnada en la mujer, quien pone en acción a un personaje de una feminidad impuesta y embustera.

Aquella mística asociada a lo femenino que relata el libro, parte hablando de los deseos impuestos a las mujeres de los años 50, a quienes se educó guiadas por un ideal femenino que cumplía su realización personal, social y existencial al ser una buena madre, una buena esposa, dedicada a las labores del hogar, y siempre al servicio de otro.

Cuando ya se encuentra implantado el deseo de esa feminidad, la mujer lo persigue para alcanzar su autorrealización. Éste deseo de realización a través del matrimonio o los hijos se puede observar en algunas personas hoy en día. Pienso en aquellas mujeres que al dar a luz a un hijo o hija, muy anticipadamente comienzan a temer que ella o él crezca, pues ¿Qué sucederá con la mujer cuando los hijos crezcan? Muchas veces impulsadas por el temor de que la vida pierda el sentido que les enseñaron tenía el ser mujer, algunas mujeres activan dinámicas de relaciones enfermizas y maltratadoras, incluso con quienes más aman. Algunas mujeres, al ser conscientes de que la hija o hijo va a crecer, actúan con el propósito de infantilizarlo y detener su crecimiento, y cuando el retoño se resiste a esta manipulación se genera un verdadero campo de batalla, tras el cual se violenta y daña la vida del hijo.

En ocasiones, y para fortuna del  hijo/hija, éste puede escapar de los patrones de conducta que la madre impone, y se devuelve a la mujer aquel deseo impuesto que difícilmente será satisfecho porque no tiene coherencia con la realidad. Cuando esto ocurre, el vacío puede ser muy grande, y la mujer que evadió el sin sentido de la mística de la feminidad debe mirarlo a la cara y presenciar el desplome de lo construido por la imposición de la feminidad servil, el derrumbe de su historia cimentada en frágiles pedestales del deseo impuesto desde una lógica capitalista y patriarcal. Pero este remezón es necesario, desde ahí se puede reconstruir, y tomar otros rumbos. Es importante desenmascarar aquella mística, leer y oír sus intenciones, y comprenderla en tanto significante. Para eso, como Betty Friedan menciona en el  libro, es necesario que las mujeres conozcan y se hagan cargo de su potencial:

            «Sólo cuando se permita que las mujeres usen toda su fuerza, que desarrollen plenamente todas sus facultades, podrá ser destruida la mística de la feminidad y detenida la progresiva deshumanización de sus hijos» (Friedan, 1965).

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