#Columna: Sobre las lecciones machistas de nuestra familia

Cuando era pequeña mi padre siempre repetía: «Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija». Yo sólo asentía con la cabeza y no tenía valor suficiente para decirle que me daba pudor acercarme a otra/o compañera/o por conveniencia. Un tanto tímida de niña, me avergonzaba tan sólo de aproximarme por conseguir una mejor nota o beneficio de alguien. Quizás desde pequeña nunca tuvo sentido para mi tomar ventaja del trabajo/posición/conocimiento de otros/as.

De modo que cuando mi padre lo decía, yo asentía. Probablemente, no estaba induciéndome a sacar provecho del resto, sino más bien a relacionarme con personas que fueran positivas en mi vida. A partir de aquello, pienso en todas esas lecciones que más de alguna vez me han dado mis padres.

Hija, debes vestirte de tal forma, deberías usar el pelo así, maquillarte más…

En lo doméstico, debes aprender a cocinar para poder atender a tu futuro marido, al hombre se le conquista por el estómago, debes ser limpia y ordenada para que a tu esposo le deleite ver la casa hermosa, ya sabemos cuántas otras abyecciones existen…

Respecto de la educación, hija, debes hablar mejor, saber más de esto, ser más culta, así puedes atraer a hombres interesantes, aprender esto o lo otro.

En lo emocional y del cuidado de otros, deberías ser más maternal, aprender a cuidar mejor de los niños, demostrar el amor, etc.

¿Cuántas veces, hemos escuchado estas lecciones de nuestro padres, amigas/os, vecinos/as, compañeros/as? Y sin embargo, nuestra posición es siempre la misma: el rechazo o el acato.

Lo convertimos en ley o lo abominamos profundamente. Es blanco o es negro.

Sin embargo, hoy pensando en proverbio de mi padre, pienso en que podemos acatar las lecciones machistas de nuestros padres, al descontruirlas y resignificarlas.

Hoy, cuando recuerdo la representación del árbol entiendo que siempre me pareció moralmente incorrecto ir a un arbusto por mejor sombra, así que decidí ser yo el mejor árbol posible. Hoy voy por la vida cuidando de mis ramas, protegiendo mis hojas sin esperar encontrar un Ciprés, Roble, o Alerce fuerte que me cobije.

En mi educación formal confiaba tanto en mi inteligencia y en mi capacidad de trabajar arduamente, que no me importaba ir al árbol de alguien más, y tampoco si quien elegía trabajar conmigo sabía más o menos. Yo era lo suficiente capaz, hábil y sagaz para sortear lo que fuese.

Mi reflexión hoy es: no odiemos, ni culpemos a nuestras madres, padres, hermanas/os, amistades o compañeros/as por decirnos, usa más maquillaje, usa cremas para el cuerpo o tal perfume. Quizás podamos tomar tal consejo y resignificarlo, darle una vuelta y decirnos «sí , voy a usar más maquillaje, loción, tal perfume, y disfrutar del aroma, voy a conectarme conmigo, voy a quererme, no para otros sino para mí». La exigencia cultural del deber ser, podría estar ahora incitándonos al deber ser para nosotras mismas, y llegar así a mejores versiones de nosotras.

El desafío de aprender a cocinar mejor para que deleites al novio, marido , tomémoslo como ‘»si aprendo a cocinar una delicadeza, puedo agasajarme, o entregar placer a mis amigas feministas».

No culpemos a quienes con amor nos han aleccionado machista o equivocadamente, porque después de todo, lo han hecho lo mejor posible.

Un Comentario

  • Fani

    Que razón amiga, a veces culpabilizamos demasiado a nuestras familias de nuestras conductas machista, y es necesario hacer autocritica, y entender el contexto en el que cada uno fue educado. Nuestras madres podrán no haber sido las mas feministas, incluso ser primordialmente machista en sus compartimientos, pero algo han hecho bien, educaron personas criticas, y capaces de dudar de la verdad oficial. Demosles amor por todo el tiempo que nos dedicaron y respeto por un trabajo bien hecho. Gracias Mama,

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