Elaboración propia

#Columna: Reconstruyendo los pilares

Dedico una gran parte de mi tiempo a alimentar mi ser de nuevas ideas, reflexiones, especialmente siento debilidad por el cuestionamiento de todo lo establecido, disfruto destruyendo cada uno de esos pilares que siempre dí por inamovibles, ¿el hecho de declarar que algo es certero, conlleva de algún modo a que te hayas cuestionado su existencia, para acabar declarando que es en efecto, certero?

Hablaba hace unos días con un amigo sobre esos pilares. Yo defendía con mi capa morada la destrucción de todos los pilares, pues todos y cada uno de ellos sustentaban un sistema heteropatriarcal, blanco y burgués, para el que la vida humana no significaba nada, el sistema económico estaba totalmente desligado de valores éticos y morales, la racionalidad era idolatrada a costa de matar la espiritualidad y la comunidad. Mi interlocutor defendía las conquistas sociales y el status quo adquirido en los países occidentales en las últimas décadas, y se decía conservador ante la idea de perder todo eso por la crítica constante hacia todo lo que estaba mal en el sistema actual.

Ante este debate, yo empecé a preguntarme de dónde venía nuestra diferencia de opiniones, ambos veníamos de contextos parecidos, solíamos estar de acuerdo años atrás en casi todo. Creo que la clave de las diferencias en nuestros argumentos se basaban en que nuestra perspectiva es fruto del espacio que habitamos, el que ya fue habitado y el que estamos habitando ahora. Cada persona, cada recuerdo o palabra van dando forma a nuestros pensamientos. Y con ellos construimos nuestras opiniones. El ejercicio de la empatía es difícil por norma general, incluso con los más allegados, así que como vamos a esperar ser empáticos con aquellos que hay en otro continente y que pertenecen a culturas muy diferentes a las nuestras, que se escapan de nuestra comprensión.

Yo soy española, pese a crecer y formarme en España, Latinoamérica ha permeado en mis venas abiertas, especialmente mi familia porteña. Valparaíso y sus feministas radicales, autónomas, anticapitalistas, situadas, decoloniales. Soy fruto de mi madre, a ratos ella y a ratos yo, soy fruto del amor sincero y aliado, todo esto y mucho más me han hecho construir mi pensamiento.

No me conformo con este modelo, no me conformo con mi status quo y mis conquistas sociales si mis compañeras al otro lado del mundo no tienen lo mismo que yo. No quiero una casa más grande mientras una familia se queda sin nada en Haití. Me niego rotundamente a mirar a otro lado mientras el Mediterráneo se llena de muertos. No me es suficiente con que el aborto sea legal en España, quiero que de una vez por todas sea un derecho humano, y no quiero tener que estar siempre luchando por ello, porque amigas, el miedo está presente hoy más que nunca en este mundo, estamos retrocediendo bajo gobiernos conservadores y liberales, sino ya fascistas directamente. No podemos ser conservadores, no tenemos espacio para ello, nuestro espacio es la lucha, la lucha de nuestras compañeras ha de ser nuestra lucha, desde una visión interseccional, amando nuestras identidades, nuestras singularidades, compartiendo nuestro conocimiento, avanzando juntas y no a costa de las otras.

El futuro ha de ser de todas y no de unas pocas privilegiadas en su status quo, y si ha de ser así, yo me quedo con las olvidadas, con las apaleadas, humilladas, desvalijadas, me quedo con aquellas a las que ya no les queda nada más que la verdad en sus cuerpos. Dejen paso que yo me bajo del tren del progreso, iba demasiado rápido para mí, supongo que para no ser testigo de esta injusticia global, de este sistema deshumanizado y depredador.

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